martes, 27 de julio de 2010

Un gesto

Un día, después de las clases, al caminar Marcos desde la escuela hacia su casa, observo cuando un joven delante de él se tropezó, dejando caer libros, dos abrigos, un bate de pelota, guantes y una pequeña grabadora.
Agachándose, Marcos ayudo al joven a recoger los artículos regados. Ya que iban en la misma dirección, también se llevo parte de la carga.

Al seguir caminando juntos, Marcos supo que el joven se llamaba Guillermo, y que a él le gustaba mucho los juego de video, pelota e historia, pero que tenia bastantes problemas con algunas asignaturas. Además, acababa de romper con su novia. Llegados a la casa de Guillermo, este invito a Marcos a entrar. Tomando refrescos y viendo televisión, pasaron una tarde placentera, riéndose un poco y charlando. Entonces, Marcos se fue para su casa.

Estos dos seguían viéndose en la escuela, almorzando juntos en dos o tres ocasiones. Ambos se graduaron de la escuela intermedia, y terminaron yendo a la misma escuela superior, donde, a través de tiempo, conversaban brevemente de vez en cuando.

Tres semanas antes de la fecha para la graduación de la escuela superior, Guillermo se acerca a Marcos, indicándole que quisiera contarle algo. Le recordó aquel día años atrás cuando primero se conocieron, preguntándole: “¿No sentías curiosidad al observar que estaba cargando tantas cosas para mi casa aquel día? Ves: Había sacado todo de mi armario, pues no quería que cualquier otra persona tuviera que bregar con mis cosas.

Había sustraído una cantidad de capsulas para dormir que tomaba mi mamá, e iba para mi casa con la intención de suicidarme. Pero, después de pasar un rato contigo, charlando y riendo, comprendí que, de haberme quitado la vida, hubiese perdido aquella experiencia, con los demás semejantes que se presentasen en el futuro.

Ya ves, Marcos, aquel día, hiciste mucho mas que ayudarme con mis libros. ¡Me salvaste la vida!